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Cada 22 de mayo

  • Foto del escritor: Paz Salsamendi
    Paz Salsamendi
  • 21 may 2023
  • 2 Min. de lectura


Cada 22 de mayo me acuerdo de mi abuela Rita, que cumplía años ese día. La conocí apenas, tengo alguna imagen suya en mi memoria, pero no de su voz, debo haber hablado muy poquito con ella; sé que sufrió mucho debido a una larga enfermedad.


Y me acuerdo de otra Rita (Margherita) en su día, la que nació en un pequeño poblado de la localidad de Cascia en la región italiana de Umbría en 1380, hace más de seis siglos, y que es una de las santas más populares de la historia. A esta Rita nunca la ví, claro, pero desde que conocí sobre ella, le tengo un especial afecto y confianza, la siento familiar y cercana, como si fuese coetánea.


La devoción popular atribuye a Santa Rita los prodigios de interceder eficazmente para resolver "causas imposibles". Pero Rita es santa no tanto por eso, como por "su sorprendente ‘normalidad’ en la vida cotidiana, vivida por ella como esposa y madre, después como viuda, y por fin, como monja agustina”, (JP II, 2000)


Era pequeña de estatura pero grande por su santidad. Vivió con humildad. Su fe inquebrantable, cultivada en la oración, le dio la fuerza para ser una mujer de paz en todas las circunstancias de su vida.


Dotada de bondad y fortaleza, pudo aceptar el matrimonio que contrajo contra su voluntad, sobrellevó las dificultades que vivía con su esposo y, con el paso de los años, contribuyó a su conversión. Cuando lo mataron por las feroces luchas políticas que había entre grupos, supo perdonar a los asesinos. Vio enfermar y morir a sus dos hijos muy jóvenes, felizmente sin haber llegado a vengarse, como planeaban.


Viuda y sin hijos, ingresó en el monasterio agustiniano de Cascia, donde vivió 40 años sirviendo a Dios y a la comunidad con exquisita dedicación y generosidad. «Se hizo "experta en sufrimiento", aprendió a comprender las penas del corazón humano, se convirtió en abogada de los pobres y los desesperados, obteniendo innumerables gracias de consuelo y fortaleza a quien la ha invocado en las más diversas situaciones.» (JP II, 2000)


Perdonó. Aceptó el sufrimiento, no en forma de resignación pasiva, sino por la fuerza del amor hacia Cristo. Dos cosas bien difíciles para cualquiera. Ella pudo hacerlo porque siempre mantuvo una gran humildad y disponibilidad al amor de Dios. Es un signo de esperanza. Como lo es la rosa que se recogió en invierno antes de su muerte y que se convirtió en símbolo de la devoción a Santa Rita en el mundo. 🌹

Ojalá la vida de todos los que somos devotos de Santa Rita busque responder al sufrimiento y a las espinas con aceptación y perdón, para ser otros testigos más de esperanza.




 
 
 

2 comentarios


Mariana Gimenez de Paz
Mariana Gimenez de Paz
22 may 2025

Yo tampoco conocía su historia. La sumo a mi lista de intersesores celestiales. Gracias, Paz.

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miperfetto
22 may 2025

No conocía la vida de esta Santa!...

Qué imposible, a nuestro actuar, imaginarse proceder del mismo modo en su lugar...

Sólo saber q alguien obró de tal forma, lo hace más humano...

Gracias Paz!!💜

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